Está en juego la vida de tantos niños que serán discriminados de antemano privándolos de la maduración humana que Dios quiso se diera con un padre y una madre. Está en juego un rechazo frontal a la ley de Dios, grabada además en nuestros corazones. Recuerdo una frase de Santa Teresita cuando habla de su enfermedad de infancia. Dice que la envidia del Demonio quiso cobrarse en su familia la entrada al Carmelo de su hermana mayor. Aquí también está la envida del Demonio, por la que entró el pecado en el mundo, que arteramente pretende destruir la imagen de Dios: hombre y mujer que reciben el mandato de crecer, multiplicarse y dominar la tierra. No seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios. No se trata de un mero proyecto legislativo (éste es sólo el instrumento) sino de una “movida” del padre de la mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios. Jesús nos dice que, para defendernos de este acusador mentiroso, nos enviará el Espíritu de Verdad.

The Christian sees the Church as the Body of Christ, as the vessel that guards with absolute integrity the deposit of faith, as the faithful Spouse who communicates without addition or subtraction all that Christ entrusted. … The Church as a fully “sanctified” reality and capable of receiving and of communicating – without error or defect, from its own poverty and even with its own sins — the full sanctity of God, is not a “complement” or an “institutional addition” to Jesus Christ, but a full participation of his Incarnation, of His Life, of His Passion, death and Resurrection. … In defending its purity, its indefectibility, its sanctity as the bride, the Church is defending the “place” through which the gift of the life of God passes on to the world and the gift of the life of the world to God. This gift – the fullest expression of which is the Eucharist – is not another gift among ourselves but the supreme gift of the most intimate life of the Trinity that poured forth for the life of the world and the life of the world assumed by the Son that is offered to the Father.

El cristiano ve a la Iglesia como Cuerpo de Cristo, como el recipiente que guarda íntegro el depósito de la fe, como la Esposa fiel que comunica sin mengua ni falta todo lo que Cristo le dejó como encargo … La Iglesia como realidad “santificada” plenamente y capaz de recibir y de comunicar — sin errores ni carencias, desde su propia pobreza y aun con sus pecados — toda la santidad de Dios, no es un “complemento” o un “agregado institucional” a Jesucristo, sino participación plena de su Encarnación, de su Vida, de su Pasión, muerte y Resurrección. … Al defender su pureza, su indefectibilidad, su santidad de Esposa, la Iglesia está defendiendo el “lugar” por donde pasa el Don la Vida de Dios al mundo y el don de la vida del mundo a Dios. Este don – cuya expresión más plena es la Eucaristía – no es un don más entre otros sino del don total de la Vida más íntima de la Trinidad que se derrama para la vida del mundo y la vida del mundo asumida por el Hijo que se ofrece al Padre.