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" "For myself as, no doubt, for most of my contemporaries, the philosophy of meaninglessness was essentially an instrument of liberation. The liberation we desired was simultaneously liberation from a certain political and economic system and liberation from a certain system of morality. We objected to the morality because it interfered with our sexual freedom; we objected to the political and economic system because it was unjust. The supporters of these systems claimed that in some way they embodied the meaning (a Christian meaning, they insisted) of the world. There was an admirably simple method of confuting these people and at the same time justifying ourselves in our political and erotic revolt: we could deny that the world had any meaning whatsoever. Similar tactics had been adopted during the eighteenth century and for the same reasons... The men of the new Enlightenment, which occurred in the middle years of the nineteenth century, once again used meaninglessness as a weapon against the reactionaries. The Victorian passion for respectability was, however, so great that, during the period when they were formulated, neither Positivism nor Darwinism was used as a justification for sexual indulgence.
Aldous Leonard Huxley (26 July 1894 – 22 November 1963) was a British author known for his novel Brave New World. He was the grandson of Thomas Henry Huxley and younger brother of Julian Huxley.
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«Ahora me doy cuenta de que el verdadero encanto de la vida intelectual — la vida consagrada a la erudición, a las investigaciones científicas, a la filosofía, a la estética, a la crítica — es su facilidad. Es la sustitución de las complejidades de la realidad por simples esquemas intelectuales, o de los desconcertantes movimientos de la vida por la muerte formal y tranquila. Es incomparablemente más fácil saber muchas cosas, por ejemplo, acerca de la historia del arte y tener ideas profundas acerca de la metafísica y de la sociología, que saber intuitiva y personalmente algo acerca de nuestros semejantes, y llevar relaciones satisfactorias con nuestros amigos y nuestras amantes, nuestra mujer y nuestros hijos. Vivir es mucho más difícil que el sánscrito, la química o la economía política. La vida intelectual es un juego de niños; lo cual explica el que los intelectuales tiendan a convertirse en niños, y luego en imbéciles, y finalmente, como claramente de muestra la historia política e industrial de los últimos siglos, en lunáticos homicidas y bestias salvajes. Las funciones reprimidas no mueren; se deterioran, degeneran, retrogradan al estado primitivo. Pero, entretanto, es mucho más fácil ser un niño intelectual, o un lunático, o una bestia, que un hombre adulto y armonioso. He ahí por qué, entre otras razones, existe tanta demanda de educación superior. Las gentes se abalanzan hacia los libros y las universidades como hacia los cafés. Quieren ahogar su conciencia de las dificultades que presenta el vivir adecuadamente en este grotesco mundo contemporáneo: quieren olvidar su deplorable insuficiencia en el arte de la vida. Algunos ahogan sus penas en alcohol, mientras que otros, todavía más numerosos, las ahogan en los libros y en el diletantismo artístico; algunos tratan de olvidarse a sí mismos por medio de la fornicación, el baile, el cinematógrafo, la radiotelefonía; otros, por medio de conferencias y ocupaciones científicas. Los libros y las conferencias son
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