Few are my years, and, yet, I feel The World was ne’er design’d for me: Ah! why do dark’ning shades conceal The hour when man must cease to be? Once … - Lord Byron

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Few are my years, and, yet, I feel
The World was ne’er design’d for me:
Ah! why do dark’ning shades conceal
The hour when man must cease to be?
Once I beheld a splendid dream,
A visionary scene of bliss;
Truth! — wherefore did thy hated beam
Awake me to a world like this?

English
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About Lord Byron

George Gordon (Noel) Byron, 6th Baron Byron (January 22 1788 – April 19 1824), generally known as Lord Byron, was an English poet and leading figure in Romanticism. He was the father of the mathematician Ada Lovelace.

Biography information from Wikiquote

Also Known As

Birth Name: George Gordon Byron
Alternative Names: George Gordon Byron, 6th Baron Byron Noel Byron George Gordon Byron Lord George Gordon Byron, 6th Lord Byron
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LAS TINIEBLAS

Tuve un sueño, que sueño no fue en absoluto;
el brillante sol habíase extinguido y las estrellas
vagaban a oscuras en el espacio eterno,
sin luz y sin sendero y la helada tierra
oscilaba ciega y ennegrecida en el aire sin luna
...
y todos los corazones
se enfriaron en una egoísta plegaria por la luz;
y vivieron junto a hogueras, y los tronos,
los palacios de los reyes coronados, las cabañas,
las moradas de todas las cosas que habitan bajo techo,
fueron quemadas para iluminarse; las ciudades consumiéronse,
y los hombres se juntaron alrededor de sus ardientes casas
para volverse a examinar los rostros;
felices eran aquellos que habitaban dentro del ojo
de los volcanes y de su antorcha montañosa
...
Las frentes de los hombres a la luz que desesperaba,
tenía un aspecto sobrenatural, mientras intermitentes
los rayos los embestían
...
con maldiciones se arrojaban sobre el polvo,
y rechinaban los dientes y aullaban; las silvestres aves temblaban
y aterrorizadas aleteaban en el suelo,
y batían sus inútiles alas; las bestias más salvajes
hacíanse dóciles y medrosas; y las víboras se arrastraban
y retorcíanse entre las multitudes,
sibilantes, pero sin veneno; las mataban para alimentarse.
Y la guerra que durante un instante desapareciese,
volvía a hartarse: la comida se compraba
con sangre y cada uno se saciaba hoscamente aparte,
engullendo en la penumbra: no quedaba amor;
toda la tierra no era sino un pensamiento y éste era muerte
inmediata y sin gloria;
...

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