Russian revolutionary anarchist and philosopher (1814–1876)
Mikhail Alexandrovich Bakunin (Russian: Михаил Александрович Бакунин) (30 May 1814 – 1 July 1876) was a Russian political philosopher, anarchist, and noted atheist.
From: Wikiquote (CC BY-SA 4.0)
Native Name:
Михаи́л Алекса́ндрович Баку́нин
Alternative Names:
Michael Bakunin
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Michail Alexandrovich Bakunin
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A. M. Bakunin
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Mikhail Aleksandrovich Bakunin
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Mikhail Alexandrovich Bakunin
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Bakunin
From Wikidata (CC0)
Among the greatest geniuses to date, few have actually done anything for the people. A nation’s geniuses are highly aristocratic, and everything they have done up to now has served only to educate, strengthen, and enrich the exploiting minority. The poor masses, forsaken and abused by everyone, have had to break their own martyr’s path to freedom and light by means of an infinite number of obscure and fruitless efforts.
May we not suppose that all men are equally inspired by God? Then, surely, there is no further use for mediators. But this supposition is impossible, because it is too clearly contradicted by the facts. It would compel us to attribute to divine inspiration all the absurdities and errors which appear, and all the horrors, follies, base deeds, and cowardly actions which are committed, in the world.
Pero he aquí que llega Satanás, el eterno rebelde, el primer librepensador y el emancipador de los mundos. Avergüenza al hombre de su ignorancia de su obediencia animales; lo emancipa e imprime sobre su frente el sello de la libertad y de la humanidad, impulsándolo a desobedecer y a comer del fruto de la ciencia.
Henos aquí de nuevo en la iglesia y en el Estado. Es verdad que en esa organización nueva, establecida, como todas las organizaciones políticas antiguas, por la gracia de Dios, pero apoyada esta vez, al menos en la forma, a guisa de concesión necesaria al espíritu moderno, y como en los preámbulos de los decretos imperiales de Napoleón III, sobre la voluntad (ficticia) del pueblo; la iglesia no se llamará ya iglesia, se llamará escuela. Pero sobre los bancos de esa escuela no se sentarán solamente los niños: estará el menor eterno, el escolar reconocido incapaz para siempre de sufrir sus exámenes, de elevarse a la ciencia de sus maestros y de pasarse sin su disciplina: el pueblo. El Estado no se llamará ya monarquía, se llamará república, pero no dejará de ser Estado, es decir, una tutela oficial y relarmente establecida por una minoría de hombres competentes, de hombres de genio o de talento, virtuosos, para vigilar y para dirigir la conducta de ese gran incorregible y niño terrible: el Pueblo. Los profesores de la escuela y los funcionarios del Estado se harán republicanos; pero no serán por eso menos tutores, pastores, y el pueblo permanecerá siendo lo que ha sido eternamente hasta aquí: un rebaño. Cuidado entonces con los esquiladores; porque allí donde hay un rebaño, habrá necesariamente también esquiladores y aprovechadores del rebaño.
El pueblo, en ese sistema, será el escolar y el pupilo eterno. A pesar de su soberanía completamente ficticia, continuará sirviendo de instrumento a pensamientos, a voluntades y por consiguiente también a intereses que no serán los suyos. Entre esta situación y la que llamamos de libertad, de verdadera libertad, hay un abismo. Habrá, bajo formas nuevas, la antigua opresión y la antigua esclavitud, y allí donde existe la esclavitud, están la miseria, el embrutecimiento, la verdadera materialización de la sociedad, tanto de las clases privilegiadas, como de las masas.
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