By nature mutually antagonistic and utterly irreconcilable, states can find no other grounds for joint action than the concerted enslavement of the m… - Mikhail Bakunin

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By nature mutually antagonistic and utterly irreconcilable, states can find no other grounds for joint action than the concerted enslavement of the masses who constitute the overall basis and purpose of their existence.

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About Mikhail Bakunin

Mikhail Alexandrovich Bakunin (Russian: Михаил Александрович Бакунин) (30 May 1814 – 1 July 1876) was a Russian political philosopher, anarchist, and noted atheist.

Biography information from Wikiquote

Also Known As

Native Name: Михаи́л Алекса́ндрович Баку́нин
Alternative Names: Michael Bakunin Michail Alexandrovich Bakunin A. M. Bakunin Mikhail Aleksandrovich Bakunin Mikhail Alexandrovich Bakunin Bakunin
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Additional quotes by Mikhail Bakunin

Oroszországban nehéz, sőt majdnem lehetetlen megállnia a hivatalnoknak, hogy ne váljék tolvajjá. Először is mindenki lop körülötte, s a szokás neki is természetévé válik, ami azelőtt rosszallást keltett, utálatosnak tűnt, hamarosan természetessé, elkerülhetetlenné, szükségszerűvé lesz; másodszor az alárendelt sokszor maga is kénytelen valamilyen formában sápot adni följebbvalójának; végül pedig azért, mert ha valaki fejébe veszi is, hogy becsületes ember marad, társai és főnökei gyűlölni fogják: először kikiáltják csodabogárnak, barbárnak, összeférhetetlennek, és ha nem javul meg, még liberálisnak, veszedelmes szabadgondolkodónak is; addig nem lesz nyugtuk, amíg teljesen el nem tapossák, és el nem söprik a föld színéről.

Que no se objete que el cristianismo ordena a los niños a amar a sus padres, a los padres a amar a sus hijos, a los esposos a feccionarse mutuamente. Sí, les manda eso, pero no les permite amarlo inmediata, naturalmente y por sí mismos, sino sólo en dios y por dios; no admite todas esas relaciones actuales más que a condición de que dios se encuentre como tercero, y ese terrible tercero mata las uniones. El amor divino aniquila el amor humano. El cristianismo ordena, es verdad, amar a nuestro prójimo tanto como a nosotros mismos, pero nos ordena al mismo tiempo amar a dios más que a nosotros mismos y por consiguiente también más que al prójimo, es decir sacrificarle el prójimo por nuestra salvación, porque al fin de cuentas el cristiano no adora a dios más que por la salvación de su alma.

Aceptando a dios, todo eso es rigurosamente consecuente: dios es lo infinito, lo absoluto, lo eterno, lo omnipotente; el hombre es lo finito, lo impotente. En comparación con dios, bajo todos los aspectos, no es nada. Sólo lo divino es justo, verdadero, dichoso y bueno, y todo lo que es humano en el hombre debe ser por eso mismo declarado falso, inicuo, detestable y miserable. El contacto de la divinidad con esa pobre humanidad debe devorar, pues, necesariamente, consumir, aniquilar todo lo que queda de humano en los hombres.

La intervención divina en los asuntos humanos no ha dejado nunca de producir efectos excesivamente desastrosos. Pervierte todas las relaciones de los hombres entre sí y reemplaza su solidaridad natural por la práctica hipócrita y malsana de las comunidades religiosas, en las que bajo las apariencias de la caridad, cada cual piensa sólo en la salvación de su alma, haciendo así, bajo el pretexto del amor divino, egoísmo humano excesivamente refinado, lleno de ternura para sí y de indiferencia, de malevolencia y hasta de crueldad para el prójimo. Eso explica la alianza íntima que ha existido siempre entre el verdugo y el sacerdote, alianza francamente confesada

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