At the heart of all great art is an essential melancholy. - Federico García Lorca

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At the heart of all great art is an essential melancholy.

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About Federico García Lorca

Federico García Lorca (5 June 1898 – 19 August 1936) was a Spanish poet, dramatist, painter, pianist and composer.

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Alternative Names: García Lorca García Lorca, Federico G. F. Lorca Phenteriko Gkarthia Lorka Lorka F. García Lorca F. G. Lorca Lorca Federico Garciá Lorca Federico del Sagrado Corazón de Jesús García Lorca Phederiko Gkarthia Lorka Federiḳo Garsiyah Lorḳah Federiko Garsii︠a︡ Lorka Federico Garcia Lorca Frederico Garcia Lorca Federico del Sagrado Corazon de Jesus Garcia Lorca Garcia Lorca F. Garcia Lorca Federiko Garsia Lorka Federico Carcía Lorca Federico Carcia Lorca
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Additional quotes by Federico García Lorca

Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.

El aire es inmortal. La piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena pues de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.

دلم نمی‌خواست
دلم نمی‌خواست یه چیزیو بهت بگم.
تو چشات
دو تا درخت دیوونه‌ی کوچولو دیدم
از هوا، از خنده، از طلا.
اونا تاب می‌خوردن
دلم نمی‌خواست
دلم نمی‌خواست یه چیزیو بهت بگم.

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NOVIA. ¡Porque yo me fui con el otro, me fui! (Con angustia.) Tú también te hubieras ido. Yo era una mujer quemada, llena de llagas por dentro y por fuera,y tu hijo era un poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, salud; pero el otro era un río oscuro, lleno de ramas, que acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes. Y yo corría con tu hijo que era como un niñito de agua, frío, y el otro me mandaba cientos de pájaros que me impedían el andar y que dejaban escarcha sobre mis heridas de pobre mujer marchita, de muchacha acariciada por el fuego. Yo no quería, ¡óyelo bien!, yo no quería. ¡Tu hijo era mi fin y yo no lo he engañado, pero el brazo del otro me arrastró como un golpe de mar, como la cabezada de un mulo, y me hubiera arrastrado siempre, siempre, siempre, aun que hubiera sido vieja y todos los hijos de tu hijo me hubiesen agarrado de los cabellos.

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